Tenía turno de
noche, como otras tantas veces, y mientras bajaba las escaleras, escuché una
música proveniente del salón de actos y me pareció ilógico que a tan altas
horas de la noche, alguien estuviera ensayando entonces se me ocurrió que
alguna de mis compañeras quería gastarme una broma y decidí seguirle la
corriente: bajé sigilosamente y cuando abrí la puerta principal, una sombra
pasó frente a mí fugazmente, luego, la música se detuvo y la sombra quedó
parada frente a mí: era una mujer, pero estaba cubierta de sangre, su cara
estaba desfigurada, tenía los ojos en blanco, sonreía si así se le puede decir,
pero tenía el cuello cortado; avanzaba flotando hacia mí, y yo estaba
completamente paralizada, no me contuve más y grité con todas mis
fuerzas.
Cuando desperté estaba en la enfermería de la mútua, me dijeron que la encargada me había encontrado desmayada con la ropa hecha jirones, yo les conté lo que me pasó y me recetaron unas pastillas, pero cuando meses después, derribaron una pared en unas obras de amplación del colegio, hallaron un esqueleto humano sepultado tras las ruinas que correspondía al cuerpo de una mujer que fué asesinada ochenta años atrás. Desde entonces empezaron a tomarme más en serio.
Cuando desperté estaba en la enfermería de la mútua, me dijeron que la encargada me había encontrado desmayada con la ropa hecha jirones, yo les conté lo que me pasó y me recetaron unas pastillas, pero cuando meses después, derribaron una pared en unas obras de amplación del colegio, hallaron un esqueleto humano sepultado tras las ruinas que correspondía al cuerpo de una mujer que fué asesinada ochenta años atrás. Desde entonces empezaron a tomarme más en serio.
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