La cita



Es hermosa. De eso no cabe duda. La he visto y el solo aroma de su perfume ya me ha embriagado. En breve caerá en mis brazos, pero: ¿Porqué hay tantas velas aquí? me hacen sentir incómodo...Ella está al llegar. Debe de ser una mujer fascinante, solo he intercambiado algunas frases con ella, pero parece haber sido lo suficiente para conseguir una cita, dijo que quería verme a solas indicandome el lugar, así que preguntando aquí y allá, he logrado llegar hasta este lugar apartado, llevado por el deseo.
Oigo un sonido, creo que puedo identificarlo: tela de raso rozando contra paredes de piedra. Una luz tenue comienza a emerger por la entrada de la cueva, donde me hallo,
ya está ahí... Ya llega.
Entonces, lo que veo me estremece, aunque tambien me llena de fascinación: ella no porta ningún tipo de lampara, ni de vela que la ilumine sin embargo su cuerpo parece brillar con luz propia.
Ella me mira y su voz resuena a través de los pasadizos: "Entraste para no salir jamás"
Sus labios se pegan a los míos. El frío gélido de su boca corta mi respiración, su abrazo me envuelve, como una fría ventisca de invierno, sus manos recorren mi cuerpo cerrandose en torno a mi cuello. Entonces, ella aparta sus labios de los míos y me mira con su gélida mirada, diciéndo:
-Así es: estoy muerta. Soy aquello a lo que llamais espectro, pero, ¿Acaso importa? Deseabas estar conmigo y aquí me tienes; aquí nos tenemos los dos en el mundo de los muertos donde la vida es eterna.


 

La muñeca



Ella había sido mi compañera durante mis ultimos años de soledad, pero ahora debía enterrar su fino cuerpo de látex y enterrarlo en un agujero profundo, lo suficientemente grande como para dar cabida a un cadaver, sólo de éste modo su alma podría descansar en paz. Así que agarré a la dichosa muñeca de los pelos  y pala en mano me dispuse a buscarle un lugar apropiado. Atravesé el gélido bosque hasta llegar a un claro y dejando la muñeca a un lado comencé a cavar. Por suerte, la tierra estaba húmeda por el abundante rocío que la había ablandado y no tardé mucho tiempo en cavar un gran pozo. Cuando terminé, agarré a la muñeca que había permanecido inmóvil todo el tiempo y la arrojé adentro. Cargué un montón de tierra con la pala y comencé a llenar el pozo, pero algo me detuvo. Un dolor indescriptible me paralizó, algo frío y agudo había penetrado en mi espalda, sentí que sus pulmones se encharcaban de sangre. Tosí y de mi boca brotó un líquido viscoso. Perdí el equilíbrio y mi cabeza se hundió en la tierra húmeda y removida, estaba boca arriba junto a la muñeca que enigmáticamente, tenía tambien la nariz y la boca empapadas de sangre.
Aún con el dolor que estaba terminando con mi vida y la tos sangrienta que me ahogaba, tomé fuerzas para saber lo que había sucedido: una raiz puntiaguda y en forma de estaca había atravesado a la muñeca por la espalda.