La mentira



Era mi amiga intima y mi confidente, solíamos compartirlo todo, yo la llevaba hasta su casa en mi coche, al terminar las clases, pero una mentira nos apartó de forma brusca, lo que me hizo perderla de vista durante varios días, hasta que una tarde me enteré que su ausencia se debía a un accidente. Yo fui a su casa pensando que se trataba de un percance sin importancia y de allí acabé en el hospital donde estaba ingresada, coincidiendo con ese momento fatal en que los medicos intentaban reanimarla sin éxito. No sé que me pasó mientras el mundo se hundía a mi alrededor, traté de recomponerme y seguir con mi vida, pero todo fué inútil; pasó el tiempo y me hundí en una espiral sin fondo, durante los meses siguientes solía sentir un escalofrío recorriendome el cuerpo y notaba una presencia en el asiento trasero de mi coche, en una ocasión, tuve que aparcar en la cuneta y mirar hacia atrás aterrada para convencerme de que no había nadie conmigo, meses más tarde, tuve que vender mi coche y los sucesos cesaron. Recientemente he llorado de tristeza pensado que mi amiga, ignorando que estaba muerta seguía subiendo a mi coche para retomar aquella conversación en la que confesé mi mentira y la traición que le ocultaba, por lo que me obligó a parar mi coche y salió intentando recorrer el resto del trayecto andando por el margen de la carretera hasta que otro vehículo pasó arrollando su cuerpo y causandole la muerte.

La mendiga



Iba con mis padres cogida de la mano cuando vi apoyada en la pared a una anciana, era evidentemente una mendiga, su cabello era grís y enmarañado, sus ojos estaban hundidos y sus ropas eran harapos desgarrados y mugrientos. Su expresión quedó grabada en mi mente, yo intenté sostener su mirada y ella se levantó, como si fuera a decirme algo. Nosotros seguimos nuestro camino y ella fué quedando atrás, hasta desapareder de mi vista. Cada cierto tiempo, veo a la anciana por las calles. Cuando estoy en el autobús la veo y deseo con todas mis fuerzas que ella no sepa que la he visto...una cara jamás se olvida; yo no he olvidado la suya, y dudo que ella haya olvidado la mía.